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Reflexiones

Un mundo lleno de tecnología sigue necesitando gente

Cuanto más automático es todo, más se nota lo que solo puede poner una persona: el porqué. No es romanticismo, es donde está el valor.

09 abr 2026· 6 min de lectura· Cuaderno de Cromat

Hay una idea suelta en el ambiente, mitad miedo mitad promesa: que en un mundo lo bastante automatizado las personas sobramos. Llevamos un tiempo dándole vueltas y hemos llegado a la conclusión contraria. Cuanto más hace la máquina, más se nota — y más vale — lo que solo puede poner una persona. No lo decimos para consolarnos. Lo decimos porque es, además, donde está el negocio.

Lo escaso cambia de sitio

Cuando una capacidad se vuelve abundante y barata, deja de ser donde compites. Durante años, saber ejecutar — maquetar, redactar, editar — fue escaso y por tanto valioso. La IA ha hecho eso abundante casi de la noche a la mañana. Lo que queda escaso es lo de antes y lo de siempre: saber qué hacer, por qué, y conseguir que alguien confíe en ti para hacerlo. Eso no se ha automatizado. Si acaso, vale más.

La tecnología abarata las respuestas. Las buenas preguntas siguen siendo carísimas.

La advertencia de quien lleva décadas mirando esto

Sherry Turkle, del MIT, lleva treinta años estudiando nuestra relación con las máquinas. En su trabajo más reciente, sobre lo que llama intimidad artificial, lanza una advertencia que nos parece clave para cualquiera que trabaje con personas: cuando aceptamos la actuación de empatía de una máquina como si fuera empatía suficiente, empezamos a olvidar lo que tiene de especial el trato humano de verdad.1 Su frase, que da escalofrío de lo certera: lo que olvidamos cuando hablamos con máquinas es qué nos hace humanos.2

No es nostalgia luddita. Turkle no pide apagar nada; pide usar las herramientas con conciencia de qué no pueden darnos. Y resulta que lo que no pueden darnos — presencia real, juicio con piel en el juego, confianza ganada con el tiempo — es justo lo que un cliente busca cuando deja su marca, su clínica o su proyecto en manos de alguien.

Por qué nos toca de cercaTrabajamos mucho con clínicas de salud y con marcas culturales. En ambos casos lo que está en juego es confianza: un paciente que decide a quién contar su dolor, un público que decide a quién dedicar su tiempo. Ninguna IA genera confianza. La transmite, si alguien con criterio la ha construido antes.

No es la máquina contra la gente

La pregunta nunca fue "¿humano o máquina?". Es "¿quién decide, y para qué?". Kevin Kelly lleva tiempo defendiendo que la tecnología amplía lo que podemos hacer, pero no elige por nosotros qué merece la pena.3 La máquina expande el campo de lo posible. Somos las personas quienes decidimos qué, de todo eso, vale la pena construir.

En un mundo de respuestas infinitas, la persona que sabe hacer la pregunta correcta no sobra. Manda.

Hacia dónde vamos

Nuestra apuesta, en un estudio de seis personas que usa IA todos los días, es poco heroica pero firme: doblar la apuesta por lo humano justo donde todos la sueltan. Más tiempo entendiendo al cliente, no menos. Más criterio en las decisiones, no más volumen. Más presencia real en los proyectos que más importan, no más automatización indiscriminada.

El futuro no es un mundo sin gente con máquinas alrededor. Es un mundo lleno de máquinas que, por eso mismo, necesita gente más que nunca — gente que sepa qué preguntar, en quién confiar y qué dejar fuera. La tecnología seguirá siendo la tinta. Nosotros, mientras podamos, seguiremos siendo la mano. Y ahí, lejos del ruido, es donde pensamos quedarnos.

Referencias y lecturas

  1. Sherry Turkle. Artificial Intimacy (2025/2026) — sobre la empatía actuada y lo que erosiona.
  2. Sherry Turkle. Conferencias y entrevistas (2025-2026), MIT Initiative on Technology and Self.
  3. Kevin Kelly. What Technology Wants / The Inevitable — la tecnología amplía, no elige.
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