Cambiar de web sin perder lo que ya te trae clientes
Rehacer una web que ya funciona da miedo, y con razón: lo fácil es romper justo lo que te trae clientes. Esto es lo que revisamos antes de tocar nada, con dos casos reales de este año.
La web que tienes no te gusta: se ve vieja, es lenta y cuesta tocarla. Pero hay un detalle incómodo: te trae clientes. Y rehacerla sin saber de dónde vienen es la forma más rápida de perderlos. Este año hemos vivido dos casos que lo ilustran, y la lección es la misma: antes de diseñar nada, hay que saber qué no se puede romper.
Primero, averigua qué te trae clientes
No lo que te gusta de la web, sino lo que funciona. Un inventario de una tarde basta para empezar:
- Qué páginas reciben visitas desde Google y con qué búsquedas (Search Console lo da gratis).
- De dónde llegan los contactos: formulario, teléfono, WhatsApp, y también lo que te cuentan cuando preguntas «¿cómo nos encontraste?».
- Qué páginas sirven a campañas de anuncios, aunque nadie las enlace desde el menú.
- Qué enlaces de otras webs apuntan a qué direcciones.
Y una condición previa: si tu web no mide los contactos, mídelos antes de cambiar nada. Sin una cifra de partida, después no sabrás si el cambio ha ido bien o mal.
Caso 1: la web que ya posiciona se conserva palabra por palabra
Una clínica de psicología tenía su web en una plataforma sin código y posicionaba bien. Querían pasar a un sitio propio, más rápido y más fácil de mantener. La regla fue clara desde el primer día: el diseño cambia; lo que Google ya conoce, no.
Se conservaron las 41 direcciones, los títulos, las descripciones y el texto, palabra por palabra, incluidos los 15 artículos del blog. Y como «lo hemos conservado» no se puede comprobar a ojo, escribimos un verificador que compara frase a frase la web nueva con una copia de la antigua. Reordenar secciones no lo rompe; que desaparezca una frase, sí. Y cualquier cambio intencionado se declara con su motivo.
Todavía no ha salido a producción, así que no vamos a contar resultados que no existen. Lo que sí podemos decir es cómo se comprueba: cada página se verifica antes de publicarla, no después de que algo falle.
Caso 2: la página de anuncios que no se toca
Un despacho de abogados nos pidió una web nueva. Tenía una página antigua, poco cuidada, que era el destino de sus campañas de anuncios y les traía solicitudes. La tentación era redirigirla a la web nueva y olvidarse. No lo hicimos: la web nueva se publica en otro dominio, pensada para el posicionamiento orgánico, y la antigua sigue haciendo su trabajo hasta que haya algo medido que la mejore.
La lección general: una página que trae clientes de pago no se migra por estética. Se mantiene, se mide y se sustituye solo cuando la nueva demuestra que rinde mejor.
Hubo otra decisión pequeña en ese proyecto. La web antigua llevaba unos contadores («clientes atendidos», «casos») de los que nadie sabía el origen. No los arrastramos. Una migración es un buen momento para quitar las cifras que no puedas demostrar, sobre todo en un sector donde lo que se dice en público importa.
La lista que seguimos
- Inventario de direcciones, títulos, descripciones y textos que posicionan.
- Medir antes: visitas por página y contactos de las últimas semanas, guardados.
- Redirecciones exactas: si una dirección cambia, la antigua apunta a su equivalente, nunca todo a la portada.
- Conservar lo que funciona tal cual: textos, títulos y estructura de direcciones.
- Montar la nueva en privado, sin indexar, y compararla con la actual.
- Mantener la analítica y las etiquetas de campaña, y comprobar que los contactos se siguen midiendo.
- Mirar a los pocos días y a las pocas semanas: errores 404, páginas que dejan de indexarse y contactos.
Cuándo sí puedes cambiarlo todo
Si la web actual no trae a nadie, no tienes nada que proteger, y cambiar direcciones, textos y estructura es una oportunidad. El inventario te lo dirá. Y si vas a pedir un presupuesto, conviene dejar por escrito qué pasa con tus direcciones y tu posicionamiento actuales, junto a las demás cosas que repasamos en la letra pequeña del desarrollo web.
Preguntas frecuentes
¿Cambiar de web hace perder posicionamiento?
No por sí solo. Se pierde cuando se cambian direcciones, títulos o textos sin control, o cuando no se redirige lo que cambia. Con un inventario previo, los textos conservados y las redirecciones bien hechas, el cambio de diseño no tiene por qué afectar a lo que Google ya conoce.
¿Qué es una redirección 301 y cuándo hace falta?
Es un aviso permanente de que una dirección ha cambiado a otra. Hace falta cada vez que una página cambia de dirección o desaparece, y debe apuntar a su equivalente más cercano, no a la portada.
¿Puedo pasar de Wix, WordPress o Webflow a una web a medida sin perder SEO?
Sí, si se conservan direcciones, títulos y textos, o se redirige lo que cambia. La plataforma importa menos que lo que se conserva. Conviene verificarlo antes de publicar, no después.
¿Qué hago con la página de mis campañas de anuncios?
No la redirijas ni la toques por estética. Si te trae solicitudes, déjala como está, mide y sustitúyela solo cuando la nueva demuestre rendir igual o mejor.
Si tienes una web que funciona y quieres rehacerla sin romperla, cuéntanos de qué va. Empezamos por el inventario.